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viernes

La Verdad

En ocasiones tu sonrisa se complica. A veces por el dolor que alberga tu cuerpo, otras veces por el sufrimiento de los demás.  Y en ese momento dices ¿qué más da? Lo que luches, lo que finjas, lo que trates de aliviar. No nos enseñan a paliar el dolor, ni siquiera el ajeno. A mi un día me enseñaron a ser enfermera, ¿Sabéis? pero ahí no te enseñan más que tonterías. Estupideces sobre el espíritu, las creencias de las personas y como encaminarlas. Pero dime tú a mí, de que sirve la teoría si el día en que moriste murió Dios en tu presencia. Se fue de mi vida y nunca más supe. Por ello, la teoría es preciosa pero nadie nos enseña a sanar, y menos a uno mismo. Cuántas han sido las veces que he pedido auxilio por no dejar morir. Por sentir la presencia de todos aquellos que se fueron ante mis ojos, de todos aquellos a los que no pude ayudar. Las lágrimas que derramé a escondidas porque si no, cariño, no eres profesional.

Nadie entiende esto. Nadie entiende la necesidad de querer llegar a casa y que tengas que fingir. No eres nadie para desatar una bomba atómica en los corazones de los demás. El sufrimiento ajeno no está hecho para el ser humano, somos animales egoístas por naturaleza.

Entonces un día lo supe. Algún día, cuando el corazón y el cuerpo se pongan de acuerdo, romperé. Y lo haré sin miedo a lo que digan los demás. Romperé de tal manera que me escucharán hasta el mismísimo infierno.

Hasta entonces sonreiré, una y otra vez, con la boca torcida, con lágrimas en los ojos. Y trataré de ser la mejor versión de mi misma para los demás. Pero estoy pidiendo auxilio. Lo necesito. Necesito que alguien cargue conmigo todo este peso porque seguir así, hará que no pueda volver a reír.

miércoles

Y tú me creías fuerte

Cuando menos te lo esperas te ves con diecinueve años , sentada en el escalón de un portal, con la lluvia y un cigarro. Y de repente el silencio es tan intenso que hasta corta. Y das otra calada. Y vuelves a tener diecinueve años. En ese momento ves las cosas de otra manera pero te das cuenta de que el dolor es el mismo o incluso más intenso. No quería que volviera a pasar y aún así pasó.

Ese silencio me tiene atrapada en el recuerdo, en el dolor de estos años ¿como hemos llegado a esto? Nunca entendí que unos valores tan fuertes pudieran quebrarse. Siempre quise crecer. Vamos que si lo hice. Pero nunca llegué a entender los paradigmas de esta vida y la falta de honestidad de las personas. ¿Me quieres? ¿No me quieres?  Ayer cerré los ojos y pensé como una frase tan simple hace tanto daño. “Fuiste una chica súper bonita, eres la parte más bonita de mi corazón”. Y aún así te pagué con otra moneda. Hay que ver lo estupidos que somos a veces y la de vueltas que da la vida.

Cierro los ojos y te veo a ti. Un año. Casi. Solo ansiedad de tenerte cerca. No puedo respirar. Porque a algunos tanto y a otros tan poco. ¿Y que fue de mi?  Nada. Nunca fui nada. Y ahora lo soy todo. Pero solo para mí. Porque nadie es capaz de entender que el amor no basta con reírlo. Hay que regarlo. Aunque sea con mis propias lagrimas. De dolor, de alegría o sufrimiento. Gracias porque tú dolor me hizo arriesgarlo todo por mí. Y no estoy dispuesta a perderme por el camino. 

Ahora tengo veinte tres años y estoy sentada bajo la lluvia con un cigarro y un silencio incómodo. Sigues aquí. ¿Y yo? ¿Sigo aquí?

lunes

Perfect

Tú querías imposibles. Querías que existiera la perfección y la querías en mi. Quizás en mi forma de hablar, en mis gestos, que siempre sonriese y asintiese con la cabeza, cómo las niñas buenas. Seguramente que en ti creía la posibilidad de que fuera la mejor de mi promoción, o que fuera la mejor en algo. Así quizás tendrías algo de lo que presumir.  Querías que aprendiese de ti, que fuera la viva imagen de lo que conseguiste a lo largo de los años. Educada, inteligente, dejarme un legado de ti. Que creyese, tuviese fe y le diera las gracias a Dios todas las noches.

Te diré que pides imposibles cuando la vida desde el principio me enseñó que no es así. Me enseñó que la vergüenza hace que los demás se rían de ti y que si eres niña, eres débil y nadie te va a elegir. Al menos no en su equipo de football. Me enseñó que cuando a los niños les gustas en vez de ser buenos contigo, te hacen daño, hasta que sangre y así tengo las rodillas de tantos empujones. Tengo hasta una foto de mi último curso con heridas y lágrimas en la cara.

Me enseñó a que si quería que me respetaran tenía que demostrarles que se equivocaban y por ello me hice fuerte y decidí plantar cara por aquellos que me importaban. Incluso enseñaba los dientes, a veces hasta mordía. Y así conseguí que mis amigos buscaran protección en mí. Porque verás, la vida me enseñó que las mujeres no somos fuertes. Y yo decidí que no sería así.

Nunca quise aprender porque quería ser única, la mejor versión de mi misma. Por eso quemé platos, rompí vaqueros y llené ordenadores de virus. Porque si quería hacerlo, iba a ser sola. No creo que sea egoísmo, más bien autosuficiencia. Por eso ahorré dinero, compré herramientas y me monté una Bici. Un día hasta hice un skate con lo que sobró de la tarima de mi cuarto. Me corté dedos, me llené de moratones, incluso alguna vez me electrocuté. Pero no hay mayor orgullo que abrir la capota del coche y solucionar el problema tu sola.

No creo en un Dios como cree la Iglesia. No creo en la Biblia, no creo en Jesús. Que lo que contó Jesús no siempre fue justo y menos sabio. No creo en una entidad que crea que yo he venido a este mundo para dar hijos y criarlos. Ni en un colectivo que me apedrearía por decidir que hago con mi cuerpo. No creo en Dios porque me dijiste que él es dueño de mi cuerpo. Y créeme, para mí MI cuerpo es mi mejor lienzo, ¿o acaso él es el que me ayuda a provocarme estos orgasmos? No creo en un grupo que me tacha por hacer el bien y el mal cuando ellos mismos se engañan a si mismos. Y dice Dios que no hay que pecar de PENSAMIENTO, palabra u OMISIÓN.Y verás, creo que tu estás en este colectivo.

No tengo que creer en un culto para creer en la Bondad del pueblo. No necesito creer que alguien vigila mis actos para ser solidaria. Eso me lo enseñaste TÚ. Y no un edificio, ni los Domingos. Creo en el ciclo de la naturaleza, en que todo lo malo vuelve y lo bueno tiene su recompensa. Creo que la libertad es libertad y no una correa demasiado larga de la que a veces puedes tirar. Creo que para tener valores, vida, y un lugar en esta vida, no tienes que ser cristiano. Tienes que creer. Y para creer tienes que creer en ti mismo. Y creer en el de al lado, sin pisotearlo.

Y te diré que la vida me ha enseñado a amar demasiado para poco rato. Que me quitó mis valores y aún así seguí creyendo que algún día alguien me abrazaría hasta cuando no entendiese mis lágrimas y me hiciese dormir. Si después de aquello sigues sin creer que no creo, es que no entiendes que es la fe. Porque la fe, no es creer en alguien superior para demostrarle que haces el bien. La fe es creer ciegamente en que la vida será mejor. Y eso es para mí el amor. Mi amor hacia la naturaleza, mi vida sin ella no podría existir.

La vida me ha enseñado a olvidar lo malo y recordar lo bueno. Incluso cuando me sentí humillada. Por ellos soy lo que soy y vivo como vivo. El problema es que tu no lo sabes. Porque no soy perfecta, no soy la versión mejorada de ti misma. Y nunca lo entenderás. Lo siento, pero para mí es tarde.


jueves

Y no, no soy Bon Iver

No soy Bon Iver. Tengo 23 años y aún no he vivido lo suficiente. Soy una persona muy dramática, lo sé. Pero algo que aprendí a lo largo de mis muchas vidas es que los sentimientos deben seguir ahí. Porque son lo que nos hacer son. Porque no importa las veces que las lágrimas nazcan de tus ojos con un "inútil" de fondo, ni un "es que te encantan las escenas". Hace mucho que me alejé de mis sentimientos. Quizás porqué estaba viviendo una realidad paralela a lo que jamás conocí: el amor.
La personificación del 'estoy ahí' y las ganas de vivir. De querer llorar ante un atardecer seguido de un 'te quiero'. Me desacostumbré a decir lo que siento porqué creía que mis palabras nunca llegarían al nunca jamás. Y ahí estaba él, con lágrimas ne los ojos, aún no sé si de felicidad. Solo de escuchar mis palabras. De saber que era real.


Me siento inútil, la verdad. Tengo un gran potencial el cual no puedo regalar. Y la vocación que sentía no la veo ni aunque sueñe con meses atrás. ¿Es este mi futuro? Algunos me lo niegan, otros lo recalcan: márchate ya. Pero no puedo abandonar la felicidad. Ni a ella ni a su perfume. Ni su bondad. ¿Sabéis acaso lo qué es abrir los ojos y haber añorado eso durante el resto de vuestra vida? O los pensamientos de 'ojalá se cumpla en mi vejez y más allá' donde todos nos puedan envidiar. Me quedo con tus sueños, con la admiración que siento de verte volar. con tus 'ojalas' y mis ganas de quedarme una vez más. Porque esta felicidad que siento en el fondo, no la volveré a sentir jamás. Porque ha habido muchos pero ninguno que rompa mi coraza de metal. Y ninguno que se fusione tanti que no haya ninguna mitad.

Y si. Que tu lo supieras, apretaste el gatillo.Me diste la libertad de respirar y darme cuenta de lo que siento: felicidad. Que cuando yo escribía pensé que podría escribir los versos más tristes cualquiera de esas noches. Y ahora no me hace falta. Llorar, ni relatar, Solo vivir lo que tú me diste. La libertad de besarte sin el miedo a que rechaces mis besos, el capricho de extender los brazo y que ahí estñe tu abrazo. Y de repente, quiero dejar de respirar con tu cuello entrelazado con el mío. Hasta que me ahogues en tu cordura y con ella nos hagamos un mantel de insensatez.


domingo

¿Cuándo aprenderemos del corazón?

Respirar profundo no es malo, respirar acelerado tampoco. La incertidumbre es la nada que siempre esta ahí, acechando sobre nuestro futuro. Lo que deberíamos sentir es nuestro corazón latir. La ansiedad, el miedo, los remordimientos no son más que sentimientos que emanan de nuestro corazón. Debe ser que no lo escuchamos tanto por miedo al qué dirán. Quiero saber en qué momento quedó en un segundo plano.

Cansada del materialismo, del yo tengo, tu tienes. Yo tengo temor a dónde estaré mañana. Miedo a no saber si será mañana el olor de sus sábanas. Tengo sueños, esperanzas. Pero soy muy joven para tener tantas plegarias.

Espero no tomar la decisión equivocada porque prefiero vivir enamorada que en una casa adinerada. Sonará tópico, estúpido, de cuento. Pero espero no estar equivocada.

En ocasiones hace falta irse a la cama con tantas lágrimas que ni siquiera sabías que había tantas ahí, acumuladas.

miércoles

Alone

Hace un año murió mi abuelo. Recuerdo perfectamente el día y la sensación que tuve. Pero eso solo duró un segundo, porque recuerdo que estaba tan concentrada en no suspender los exámenes, que no tuve tiempo de asimilarlo. Ni de cometer ningún error, al fin y al cabo seguía de prácticas. Lo recuerdo bien porque fue a finales de febrero donde tuve un leve parón. Y todo se terminó, por un tiempo, una semana exactamente. Lo primero que hice tras acabar el último examen fue llegar a mi casa, sentarme y llorar. Lo recuerdo bien. Porque lloré todo lo que no pude llorar a mi abuelo. Lloré toda la rabia, toda la frustración que había acumulado en el cuerpo. Y me dormí, no recuerdo exactamente cuántas horas. Pero sentí que hasta ese momento, no había descansado.

Esta es una de las muchas historias que viví durante cuatro años. Sentimientos acumulados que tenían que ser aplazados porque literalmente en ese momento no me lo podía permitir. Decepción, rabia, ira, dolor. Personas que decidieron irse pero no sin dejar huella, de esas que escuecen. Y yo manteniéndome fuerte, como un pilar. Vi cosas horribles, me dijeron cosas horribles. Hubo un día que tuve la vida y la muerte literalmente en cada mano. Nunca sabré expresar exactamente esa sensación.

Tampoco soy una persona de hablar las cosas. Prefiero esconderme, debajo de mi duro caparazón. Pero de repente sientes que la pesadilla a terminado. Que ya será todo tuyo, toda la responsabilidad. Y solo quieres sonreír. Entonces ¿por qué solo quiero llorar? ¿por qué me siento tan abandonada?

jueves

¿Sabes ese momento en el que crees en que todo está hecho? Que la felicidad parece cada vez más real y que ya nada podrá pararte. Siempre me decía que las personas éramos débiles por naturaleza y que en esta vida hay que ser fuerte. Lo que no pude entender ni creer es que yo lo fuera. Porque me pasé años diciendo que había luchado mucho para llegar hasta aquí. Y lo hice. Simplemente no me siento plena, ni feliz. Lo diré: Estoy muy asustada de vivir.