Son muchas las veces que he tratado de entender por que el alma se vuelve cínica, serán las veces que me he encontrado con mi cabeza diciendo unas cosas y mi boca pronunciando otras. Trato de escucharme pero no hay palabras, solo suenan letras de canciones tal y como me enseñó hoy el psicólogo, basamos nuestra vida en eslogans que leímos o escuchamos en alguna película o canción. En alguna parte del camino esto me ha corroido. No hay una opinión, no hay frases que salgan de mi alma y pueda defender por que son mías. Me he resignado a luchar. Digamos mejor que me he cansado de sentir las gilipolleces que siento, que a veces me gustaría ser como vosotros y cerrar las tapas del libro que empezamos a escribir. Pero no puedo, siempre me falta algo y dejo las páginas dobladas por una esquina recordando que esto no acabará. Aunque tenga que ser la única. Aunque acabe dejándome las heridas. Seguiré bebiendo ron a secas maldiciendo mi debilidad. Soñaré que sería eso de ser insignificante pero a la vez lo más grande. ¿Nunca has pensado que la hormiga, ese bicho tan minúsculo y débil, es a la vez lo más grande? A veces cambiaría unos instantes de mi vida para subir a las hojas de un árbol y ver atardecer. No tener que correr, y correr, sin cansarme solo por que despertase queriendo ver amanecer. ¿qué me está pasando..?
martes
domingo
Esta noche brindemos por la juventud y nos aferraremos a la verdad
(No quiero perder lo que tenía cuando era niño.)
Mi corazón todavía tiene un ritmo pero el amor es ahora un hecho.
(Tan común como un día frío en Los Angeles.)
A veces cuando estoy solo, me pregunto
¿Hay un hechizo impidiéndome ver la realidad?
El amor duele ...
Pero a veces es un dolor bueno y se siente como estar vivo.
El amor canta, cuando trasciende las cosas malas.
Ten corazón y pruébame porque sin amor no sobreviviré. Encadenado y abusado, estoy desnudo y acusado. Sólo quiero la verdad así que esta noche hemos de beber por la juventud. El amor duele... pero el dolor no siempre es malo
sábado
Oígo los trenes venir y al hombre borracho cantar en la calle, el ventilador en el techo,
atrayéndome hacia el sueño. Y sueño con películas mudas,
supongo que recuerdos en blanco y negro,
son las mismas viejas historias,
pero vestidas con prendas diferentes. Así que, ¿dónde está la chica corriendo
sin zapatos en sus pies?
Porque no hay ninguna sombra,
en este ensordecedor calor.
Lo bonito de todo esto es haber averiguado que al haberlo perdido, me perdí a mi. Me siento afortunada de compartir mi tiempo con personas dispuestas a perderse conmigo, no estoy segura de si para encontrarme o como excusa a volver lo que un día fui. Es impresionante caminar y que las horas te parezcan quince minutos, mirando hacia atrás me asombra ver como la ladera nos llevaba hacia abajo y nuestros instintos nos llevaron a lo alto. No cambiaría con nadie, por nada del mundo, la tranquilidad que siento cuando estoy arriba y respiro tan profundo que estoy segura de haber perdido un pulmón por el camino. A veces llego a casa y me duelen las manos, las noto secas y con mucha debilidad pero se canaliza hasta dibujar una sonrisa que dice "hoy ha sido un buen día". A lo largo de las semanas vivo preocupada de seguir hacia delante y conseguir las metas que me propuse pero llega el viernes y vuelvo con esas ganas de llegar a casa con algún rasguño de más y un peta que me haya hecho volar.
Es inconfundible como me gustaría pisotearle a alguien el orgullo cualquier martes de mañana y hacerle sentir isignificante aunque claro, la gracia es que cuando estoy abajo y miro hacia arriba, yo soy el gusano del cual se ríe la montaña que me tapa el sol. Soy nadie. Y eso me hace feliz. Me devuelve mis principios y me hace saber que soy uno más que está dispuesto a disfrutar de las maravillas que nos ha prestado la naturaleza. Como un animal, me devuelve mi humildad.
Es inconfundible como me gustaría pisotearle a alguien el orgullo cualquier martes de mañana y hacerle sentir isignificante aunque claro, la gracia es que cuando estoy abajo y miro hacia arriba, yo soy el gusano del cual se ríe la montaña que me tapa el sol. Soy nadie. Y eso me hace feliz. Me devuelve mis principios y me hace saber que soy uno más que está dispuesto a disfrutar de las maravillas que nos ha prestado la naturaleza. Como un animal, me devuelve mi humildad.
viernes
El estado de guerra suspende la moral; despoja a las instituciones y a las obligaciones eternas de su eternidad y, desde entonces, anula en lo provisorio los imperativos incondicionales. La guerra no se sitúa solamente como la mayor entre las interpelaciones de la moral. Ella la torna ridícula. El arte de prever y de ganar por todos los medios la guerra se impone desde entonces como el ejercicio mismo de la razón. Sin duda alguna que quien ha perdido, por su propia culpa y mediante algún acto merecedor de la pena de muerte, el derecho a su propia vida, puede encontrarse con que aquel que puede disponer de esa vida retrase, por algún tiempo, el quitársela cuando ya lo tiene en poder suyo, sirviéndose de él para su propia conveniencia, y con ello no le causa prejuicio alguno. Si alguna vez cree que las penalidades de su esclavitud pesan más que el valor de su vida, puede atraer sobre sí la muerte que desea con sólo que se niegue a obedecer las voluntades de su señor.
Tal es la auténtica condición de la esclavitud; ésta no es sino la prolongación de un estado de guerra entre un vencedor y un cautivo.
Pero suponiendo que la victoria favorezca al bando que tiene de su parte el derecho, pasemos a estudiar la situación del que triunfa en una guerra justa, y veamos el poder que le da la victoria, y contra quién se lo da. En mi entender, se trata de un poder totalmente despótico. El conquistador detenta un poder absoluto sobre la vida de quienes, por haber hecho una guerra injusta, han perdido su derecho a la vida
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