Pages - Menu

Popular Posts

jueves

Volverás

Me gusta el rojo en los labios, cómo me queda, cómo sabe. La marca que deja. Me gustan sus olores, sandía, vainilla. Me gustan los pintalabios. Un día me rechazaron un beso por ser rojos y oler bien. Y yo pensé en cuanto le quería. Así que mis labios no volvieron a ser rojos, ni fresas, ni rosas, ni tenían olor a cereza.

Y luego fue el color de mi pelo. Y mi risa. Después el porqué lo hacía. Más tarde el siempre es culpa tuya, no mía.  No hubo más risa, ni preguntas, ni siquiera la duda de si me quería.

¿Pero sabes qué?

Tengo sesenta y siete pintalabios, veintiséis rojos, con olor a sandía, a vainilla y una preciosa sonrisa. Mi pelo es alegría y va al compás de mis dudas y la risa. Soy felicidad. No volvió a quererme.

Volví a quererme.

viernes

I was feeling epic

Todos queremos vivir una historia épica, de esas que te quitan el aire y parece que cualquier momento puede ser el último. Nos aferramos a las escenas de películas y series que jamás viviremos. O no. ¿Por qué conformarnos? Quizás no encontremos el amor de nuestra vida en un avión a punto de estrellarse y salgamos con vida de esa. Pero podemos hacer de cada uno de nuestros momentos algo especial. Crear nuestro sello, bordar nuestra felicidad. Hacer de nuestros recuerdos esos momentos de flashback que vuelven a nuestra mente una y otra vez cuando lo echamos de menos.

Para tener un momento épico en la vida hay que ser leal a tus sentimientos y a tu condición de libertad. Porque las cadenas no son más que algo que alberga nuestra mente cuando tiene miedo. Si me preguntaran, no tengo miedo. Porque he decidido vivir. Conmigo. Para mí.



martes

Are you gonna stay the night?

¿Crees que algún día encontraré a alguien que se quiera quedar conmigo amándome?


Te dije que sí porque creo en ti, en tu esencia y en el mundo que creaste alrededor de tu piel. Contesté que sí pero en el silencio tragué saliva y pensé "no lo sé, pequeña". No puedo contestarte a una duda que llevo arrastrando desde hace muchos Eneros. Me negué a darle respuesta porque sabía que sería más triste de lo que podría soportar este tonto corazón. Te diré porqué:


Porqué detrás de los "estoy bien" se me desgarra la piel, porqué cada vez que te pienso las lágrimas quieren caer por miedo a no volverte a ver. Que si me preguntan contaré nuestra historia, nunca diré la verdad, y menos las veces que esperé un "quédate".

Me voy y no será más que un vago recuerdo envuelto en felicidad. La que quisiste compartir conmigo. Y soy feliz dentro de esta incontinencia de emociones de la que me nublé. Por miedo a perder, construí barreras hechas de papel que parecen aguantar las tormentas. De noche, en el silencio. A veces creo que mi corazón late por inercia, por la dopamina que van sembrando tus semillas.

Quién se quiso sentir reina si cuando al coronarte tu cabeza vale más muerta que con vida, cuando tu saliva cura igual que la del resto y cuando al trono vamos todos por las mañanas.

¿Crees que se querrá quedar conmigo? ¿Sinceramente?

No.


sábado

Yo te cuido

Estoy segura de qué este mundo se hizo para los valientes,
pero no para los guerreros que luchan con armas y fuego.
Hablo de aquellos que se lanzan al vacío sin miedo
y cuentan sus batallas en el silencio.
No voy a ser yo quién os cuente cómo con un solo gesto
coordinas tu corazón con el del resto.
¿Nunca os habéis imaginado en cómo es hablar con aquel
que no puede pronunciar palabras y menos sus sentimientos?
Con parpadeos, suspiros, ahí están sus miedos.
Y lo he visto en el rostro de aquellos
que no se podían mover un dedo.
Pero te cogen con fuerza de la mano (en su cabeza).
Y lo sientes, se te encoge el corazón,
Serás tu quién quede en sus recuerdos
y ellos quien te enseñen a tenerlos.
En esa fina línea que separa el querer del poder.
Y podrás pero no querrás.
Y volverás a amar otra vez.
A la vida.
Y recordarás a aquellos que se les fue.

Yo te cuido.



viernes

Volverás a amar

Echo de menos a Noviembre. Siempre sabe como abrazarme, apretando mi rostro contra su pecho, haciéndome sentir en casa. Como si el tiempo estuviese ahí para siempre, parado, mientras reconstruyo todos estos pedazos. No hay nada peor que estar destrozado y no saber arreglarlo. Rodeado de inseguridad que sabes que en algún momento se marchará. Pero hasta entonces eres tú y tus miedos y ese sentimiento de que no va a terminar. Mientras te sientas y recalculas la última vez que sentiste de verdad algo que no fuese miedo, ira, rabia o malestar. La última vez que volviste a amar. Era Octubre y lo recuerdo junto al mar. Recuerdo abrazar sus piernas y llorar al ver al sol esconderse. De noche, para que no me viera. Con suspiros que devolvieron a los barcos varados. Con olor a sal, esa que Noviembre tiene en sus labios y que me curan tanto. No quise volver a querer y me amé a mí misma mientras no quedara nadie. Y ahora Noviembre es cálido en un mes sin catorce de Febrero. 

domingo

Diciembre

Eras mi otoño, aquello que me mantenía despierto. Eras la magia que dejó de ser magia cuando desapareció. Al igual que hiciste tu. Me atreví a llamarle Noviembre y Noviembre se marchó, pero nunca me olvidó. Su ausencia me trastocó, no pensaba en más estaciones ni en la magia de volver a soñar. Quería seguir una línea en mi camino y quererme un poquito más. 

Llegó Diciembre y con él el frío. Pero era cálido a pesar de su palidez. Era como tener atrapado al sol en su pelo y la savannah entera en su piel. Yo no quería Invierno y él siempre pedía permiso. Entonces repetí "esto ya lo viví, sé cómo acaba". No acabaste, te quedaste en las pocas horas libres que podía dedicarte, me alegras las mañanas, los días y las noches. Me hablas de tus inseguridades y conocer las mías es cómo estar en palacio.Me besa en la frente, me coge de la mano, me abraza cuando menos me lo espero, incluso si estoy durmiendo.

Entonces llegan las inseguridades. No te conozco. No sé nada de ti y lo sé todo. Y tú lo sabes de mí. Te marchas y yo no sé decir una sola palabra. 



¿A dónde ibas a ir? Sigues aquí y no lo iba a decir. Pero sabes lo que te quiero decir.

martes

A solas

Se apagó la luz. De repente, cómo quién no quiere la cosa. Diría que fue un mar de dudas y cien años de soledad.  O eso me pareció a mí. Porque en ese mismo instante dejé de insistir para trazar las piedras del camino, ese del qué no podía huir. Las reglas eran sencillas: síguelo y qué nada te entretenga. Y a medio camino estabas tú. Cómo quién llega en el momento inapropiado, el día menos soleado. Ese momento en el qué dices "tienes que estar bromeando".

Otra vez no.

¿Sabes a todo lo que estabas acostumbrado? Pues olvídalo. Porqué te va a cambiar los esquemas de tal manera que cuando te acuestes querrás dejar de sonreír. Y seguramente, quieras o no, harás muecas de dolor por no haberle dicho nunca la verdad. Te arrepentirás de dejar pasar los días y no haberle dicho cuánto aprecias ese momento, ese al que te ha malacostumbrado. La luz del día transformada en noche tras la persiana, los intentos fallidos de cosquillas y cuando te coge de tal manera que levitas. Literalmente, sientes que puedes volar. Porque nunca, jamás, reitero, jamás había sido tan natural. Y tú nunca habías sido tan tú. Tampoco quieres saber si él había sido siempre tan él. Pero quieres conocer todas las cicatrices de su cuerpo, contar los lunares inagotables de su espalda, verle respirar cuando las fuerzas no pueden más.

Llega ese momento en tu día a día en que cambiarías ese mismo segundo, minuto, hora, vida por un ratito desnuda en su cama. Por el mísero roce de su piel, ese que sin saber cómo, siempre sienta tan bien. A solas, sin más luz que la que desprenden tus ojos cuando ves que se acerca lento, sonriendo.

Sé valiente. Sal de tu zona de confort.