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domingo, 25 de octubre de 2015

Ask me for



Todos tenemos días delicados, esos que recuerdas con más cariño o por el contrario con más dolor. Días en los que buscas cariño o algo que renazca las fibras de tu ser. Crear un éxtasis en las células de tu cuerpo, un escalofrío eléctrico que diga "este es el día". Veinticinco de octubre del dos mil trece: primera fiesta de la facultad plasmada en el amargo sabor de un mensaje de texto y tan amargo como la compañera que vomitaba borracha en el taxi que la llevaría a un lugar que no es su casa. Veinticinco de octubre del dos mil catorce: el sonido irascible de una aguja sobre tu piel y la amargura de un amor prohibido. Veinticinco de octubre del dos mil quince: la amargura de recordar que es veinticinco de octubre contrarrestada con el dulce sonrisa de aquella persona que sin saber como, se convirtió en toda tu vida. Y cuando quieres darte cuenta, ya no hay veinticinco de octubre. Ya no hay dos meses, no hay cortes de pelo supersticiosos, ya no hay andares con el rabo entre las patas. Ni vergüenza, ni miedo a decir lo que piensas. Madrugar a diario con un posit en el marco del espejo es todo un reto. Decía: haz lo que tengas que hacer para reencontrarte con sus besos. Y lo haces, con una sonrisa en los labios. Un mensaje de texto dejó de ser puro miedo para ser ansia de un "buenos días". A las nueve y media de la mañana de promedio, por lo menos. Y así sientes que es tu día a día. Una emoción y una vocación volcada en un único cuerpo vivo. A veces me recuerdo, sola, perdida. A veces recuerdo mi torrente sanguíneo de mustangs corriendo, libres, como aquello que solía ser, sumisa ante el miedo, luchadora ante el fuego. A veces me recuerdo y pienso "que bueno fue encontrarme y que me echaran el lazo sobre el cuello".


Watch me

Hacerte pruebas es una manera subjetiva de conocer tu salud. Puedes conocer tu estado psicológico, físico incluso religioso. Sólo contestando ciertas preguntas puedes conocerte un poco más, ojo, no determina quien eres. Sorprendentemente puedes tener rasgos sádicos, falta de afecto o cualidades un poco más positivas, normalmente sólo acentúan lo malo. Pero ¿es de verdad tan malo?

Dice un viejo dicho que "dios los crea y ellos los junta". La gente con ciertos potenciales busca gente en su línea. Algunos simplemente se adaptan al entorno y esconden quienes son en realidad. Depende de la persona que quieras ser.


Hay personas con sus peculiaridades. Por ejemplo, algunos son tachados de sádicos porque le gusta algo tan simple como las cicatrices. Podría ser, no lo pongo en duda. Pero habría que verlo desde el punto de vista de esa persona. Al fin y al cabo las cicatrices son recuerdos de lo que hemos vivido y a veces de las personas que han estado en nuestra vida


lunes, 19 de octubre de 2015

Smile

A lo largo de la vida suceden grandes cambios. Creces, te haces mayor, aquello que parecía vital pasa a ser innecesario en tus días. Cambian las prioridades, la manera de ver las cosas (imagino). El ser Humano es un animal que se basa en los hábitos, lo cual conlleva al aprendizaje. Aprender no es más que una constante repetición que acaba formando parte de nuestras vidas. Pero aprender no siempre es un refuerzo positivo, también existen los malos hábitos. Cómo por ejemplo el autoengaño.

El autoengaño no es más que un mecanismo de defensa propia que las personas vamos adquiriendo a lo largo de los años. Ojo, no todas. Nos hace vivir con miedo, con las emociones a flor de pie, desorientados y siempre alerta. Porque venga lo que venga no será bueno para ti. Quizás porque no crees que sea merecido, quizás por que no lo ves justo o simplemente porque no quieres acabar herido. Entonces un día te enamoras, y no te das cuenta. Y te hacen daño. Y lo admites a los años. Y otra vez te hacen daño, pero ya no te enamoras. Solo quieres, aguantas. Porque has adquirido el hábito que todo aquello que quieres te acabará matando.

¿Cómo acabar con ese mal hábito? No hay manera. De ninguna forma.

Hasta que un día te das cuenta de que llevas meses pisando las mismas calles. Que el olor de un hogar que no es el tuyo te hace sentirte tan seguro que hasta dejas de luchar contra tus "enemigos" y te das por vencido. Tanto que hasta te quedas dormido aferrándote a esa sensación de cariño. Tus días son siempre los mismos, coger el autobús, luego el tren y llegas a tu destino. Se hace de noche, muy de noche y coges el tren, el autobús y de vuelta en casa. Pero sorprendentemente dentro de esa rutina hay un solo factor que altera el producto, que genera el motivo de tu sonrisa. Y aquello que parece igual día tras día se convierte en único.




Cuando te quieres dar cuenta, has bajado la guardia. No más tensión en el cuerpo a menos que sea para acabar con las bragas mojadas. No más pasos con cautela mirando a ver dónde pisas, no vaya a ser que llueva. No más planes de huída ni conciencias intranquilas. Olvidas tu rutina mental diaria negándote a querer por el daño que te puedan hacer. Pero te das cuenta de que no es vivir. Porque si uno tiene que autoengañarse y no ser feliz, prefiero tener esta sonrisa desde primera hora de la mañana y aceptar que estoy enamorada.


Y por una vez maldigo.. ¡Joder, que suerte la mía tenerte!

lunes, 5 de octubre de 2015

Too much

Normalmente uno cree que es fuerte. Estoy acostumbrada a escucharlo, que soy fuerte, que nada me vence. Llegó un punto que hasta creí ser consciente. Soy esa clase de persona que después de años creciendo, construyendo unos pilares, superando miedos, era incapaz de creer que alguien podía mirarse en el espejo y sentir asco. Se que existe esa sensación, es solo que llevaba tiempo sin vivirlo pensando que es esa etapa de la adolescencia que vive toda chica estúpida y enamorada. Hasta hace dos semanas. Dos semanas que todas esas sensaciones malas existentes en el mundo forman un solo sentimiento. Ira, rabia, soledad, miedo. Tristeza.

Sientes que todo aquello sobre lo que tenías control te supera y no tienes donde agarrarte. Te miras en el espejo y no ves más que un saco de huesos que a veces cuestionas como puede respirar. Y lo hace, y no estas tan delgada, ni eres fea, ni te ves mal. Pero lo sientes así. Sientes que solo el poder del maquillaje puede iluminar tu rostro. Hasta que cuando has acabado, empiezan a caer las lágrimas. Y ahora no eres más que un lienzo mal hecho. Y te duele ver como brotan esas minúsculas gotas en la comisura de tus ojos. Esos que tanto adoras.

Por ti,  ni te quitarías el pijama ya que no existen buenos días. Simplemente, llegan los cambios. No sabes como. Ni que hacer. Solo sabes que tienes que salir a la calle y cumplir con las expectativas del mundo. Además, eres tan jodidamente egoísta que no compartirás tus emociones con quien te rodea. Ni con quien te importa. Aún así sonríes, pones buena cara y de vez en cuando te delata alguna borderia.

Te sientes sola, porque pasas tiempo a solas machacando tu cerebro con miles de pensamientos, malos, buenos.  Tu cuerpo sabe que llegará una guerra pero no está seguro de si quiere luchar.

Hace exactamente diez meses que no sufría un ataque de pánico. Donde no puedes respirar, tu cuerpo no responde y lo único que haces es jadear mientras contienes las lágrimas.  

Te sientes mal,  te sientes vulnerable y no sabes ni siquiera con quien hablar. Son muchos cambios, son demasiadas cadenas arrastrando: es demasiado. Ya no eres fuerte, ya no tienes una fachada que te protege.

No tienes motivación, ganas, fuerzas, aire ni sonrisas que regalar. No eres tu. Y simplemente te gustaría dejar de ser "Alegría" arrastrando a tristeza y viendo lo bueno en ella. Te gustaría ser tristeza y que tiraran de ti. Que te miraran y entendieran que a veces esta bien sentirse mal. Es necesario. Y no dejar de ser quien eres de todos modos.


Y cuando decides coger aire y amarte de valor, es cuando llega el golpe. Un golpe que no sólo te afecta a ti. Donde tienes que volver a armarte de fuerza y ser la alegría de los demás, tirando, sonriendo, haciéndoles sentir paz. Entonces te das cuenta de que al parecer no es justo que tu puedas estar triste.

Simplemente a veces es demasiado.

Demasiado.

Tengo arena entre los dedos y la boca seca de tanto gritar

Siempre afirmé ser una enamoradiza, pero nunca de la persona sino de la personalidad. Del alma. Hay almas, espíritus que son dignos de conocer, pero nunca los hay que cautivar. Solamente aprovechar el tiempo que deciden derrochar a nuestro lado. Y que cuando se tengan que marchar vuelen lejos mientras descubran la felicidad. Soy una persona conflictiva, contradictoria, inculta y que tiene ansia de saber más. Me queda mucho por aprender y conocer. Me queda descubrir los recovecos de mi cuerpo, las casillas que encierra mi cerebro y alimentar mi autoestima más y más. Deduzco que no soy fácil, que soy incomprensiva y a veces surgen sentimientos de odio hacia mi personalidad. Por eso creo que no me sorprendo al ver a la gente marchar. Aunque pueden irse lejos, pero siempre de alguna forma vuelven. En forma de canción, palabras, sueños o con su simple presencia. Sé que no sé puede encontrar la felicidad absoluta a mi lado pero estoy dispuesta a entregar el pequeño concepto que he llegado a mostrar. Con lo poco que tengo, con mis ganas de vivir.




Vivo en dos mundos paralelos, uno lleno de responsabilidades, otro llamado libertad. A veces no consigo compaginarlos pero es auténtica mi sonrisa, mis fuerzas, las ganas de luchar. Incluso si te fijas a veces enseño los dientes. Sé que estoy loca o es distinta mi realidad, llámalo como quieras. Tengo manías, defectos, tengo arena entre los dedos y la boca seca de tanto gritar. Pero tengo pasión y la desenfundo en cada movimiento, cuando te hablaba del viento o quería contar las estrellas en el cielo.

Lo sé porque meses después, esculpí quién soy. Porque por una vez, no tuve miedo. Esta es mi realidad dentro de este planeta llamado mundo, la que se compaginó con una subunidad tan diferente como la tuya. Sinceramente no sé a cuento de qué estas palabras ni si tendrán algún sentido. Sólo tenía que decirlo, quería entenderlo. Y lo he hecho.