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domingo, 9 de octubre de 2016

We don't talk anymore

¿Sabes en qué se parece el Otoño a ti? En la magia. Esa que hace que las hojas cambien de color. Caigan incluso cuando no hay viento. Gravedad, dirás. Prefiero pensar que los árboles están desnudando su alma para sorprendernos un año más, al igual que las personas. En Otoño tenemos esa manía de empezar de cero, disimular nuestros miedos y querer a los demás. Porque luego viene el frío y nos tendremos que arrimar. Y ahí empieza la magia. El frío, las velas y las mantas con sofá. Tú tenías una clase de magia que no se puede comparar. No necesitaba besos, ni regalos, no necesitaba nada. Sólo tu compañía, tu sonrisa y que me aceptaras como era. Porque te gustaba cada pedacito de mí, incluso cuando me ponía insportable. Tu magia fue cambiar mis días y hacerme feliz. Tener la oportunidad de contar contigo porque así me sentía más segura. Era divertido invertir mi tiempo en tu compañía. Hasta que la magia se descubrió. Y ya dejó de ser magia. Y empezó a ser una mentira. Tu fuiste una mentira. Por eso llegó el frío antes de tiempo y entre nosotros este avismo. Tu dirás que lo inventé, yo te diré que lo hiciste tú, con esfuerzo y dedicación.

Desde entonces no he querido pensarte. Pero lo hago en cada canción, en cada rincón que me gustaría enseñarte, en los chistes que me cuentan, en las locuras que quiero cometer. Me gustaría saber que hice mal, que hice para merecer que me apartaras sin más. No quería una vida a tu lado, pero quería una en la que estuvieras tú. Y ahora el otoño me parece mágico, pero sin tí.


Encaja(s)

El problema viene cuando las cosas encajan. Cuando de repente las cosas fluyen y te sientes como en casa. Las cosas encajan y esa persona parece que ha estado ahí toda la vida. Parece que todos tus males te las quitaba su sonrisa. Encajan y nos sentimos aliviados, porque no todos tienen la posibilidad de ser feliz. Pero vivimos en esa generación en la que nos asustamos cuando las cosas funcionan a la perfección y preferimos mandarlo todo a la mierda que arriesgarnos y admitir que las piezas encajan