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miércoles, 13 de mayo de 2015

Aquel que me conoce

Antes de conocerte solia despertarme en otra habitación
con una terraza,  la luz la iluminaba
y yo solia salir en bragas a disfrutar del sol
Lo unico que necesitaba era su mirada,
incandescente, venía y volvía
y mientras lo hacía, me desesperaba.
Antes de conocerte despreciaba las palabras.
No me valian,  solo los hechos contaban.
Entendí entonces que ya no era nada,
que necesitaba entenderlo si lo que queria era magia.
Y sin saber cómo,  cuando ya apenas respiraba
descubrí que en el fondo no estoy hecha para ser amada.
Por que soy esa clase de personas un poco maleducadas
que no se callan, que no temen a la batalla.
Pero mentiría diciendo que no tengo miedo
a esos pequeños revueltos,  los sentimientos
tan soeces e inoportunos
que parece que llegan para remover tu suelo
y provocar un colapso en tu pequeño universo.
Aprendí,  sin duda que lo hice,
a no conocer tus rincones,
autoconvencerme que son rumores
y que a la persona que quise
ni tu mismo la conociste.

La verdad dudo haber hecho las cosas mal,
no me asusta pensar en tu partida,
jugué con mis mejores cartas,
en mi defensa puedo alegar 
que nunca dejaste de importarme,
que sólo te dejé de molestar.
Estoy creciendo y aceptando 
con un poco de dolor entre los hombros
que a veces lo que quiero
puede no ser lo mejor para mis planes,
tal vez haya otras músicas que no he escuchado,
historias para escribir 
y el alivio de una tranquilidad entre los ecos
del vacío que implica estar solo.
La verdad es que no puedo arrepentirme de nada,
a mí no me dio temor 
mostrar el lado frágil de mi alma, 
y te voy ser sincera
agradezco cada instante donde elevaste 
mi conciencia y sentimiento, 
pero no puedo cargarte en mis brazos
ni dejar que camines sobre mi espalda,
merezco lo que he dado, 
no la atención que forzadamente 
tú me vas dando entre migajas

Aquel que me conoce sabe, y detesto saberlo
que aunque pierdo, siempre me acuerdo
y que si un día me hiciste daño
intentaré, dentro de lo posible, entenderlo.
El que me conoce sabe que siempre estoy allí
si tu barco a naufragado
o si tu universo se ha colapsado y necesitas salir.
Por ello siempre doy la mano y extiendo ambos brazos.
Te cambio cada decepción
por la oportunidad de ver la belleza.
Lo doy todo, pero no amarro,
me quedo, pero no dependo

Y pienso, creo, que para valorar algo hay que entenderlo.
No eres uno de muchos.
     Revolucionas mis motores, me fascinas. 
          Quiero sacar lo más salvaje y alocado de mí contigo. 
              Algo tienes que te hace especial y que hace que me encantes.
Bienvenido a la oportunidad de sentirte único


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