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domingo, 10 de mayo de 2015

Mother

Me pueden llamar mimada, niña de mamá y mil cosas más.  La verdad es que no dependo de ella pero si la necesito. A pesar de tener ideas tan contrarias, estar el setenta y dos por ciento del tiempo enfadada, es la única que me entra en razón. "He decidido pasar de los hombres" le decía hoy "al parecer no los hay que quieran arriesgar más que por una noche loca". Solo ella es capaz de mantener el silencio en ese momento y decir con total serenidad "es una buena opción, ya llegará". Y aunque sepa que sea una gran mentira, que me tiraré a la piscina por el primero que me descoloque las piezas del juego y lloraré, seguramente, por que ha decidido marcharse sin dar explicación, estará allí, presente, con un "te lo dije" y un "te mereces lo mejor". Mi madre me decía que seré una persona extraordinaria, que moveré corazones y comprendere lenguas aún desconocidas para la mayoría de nosotros. Y que quizás para alcanzar esa belleza, ese don, no me hagas falta distracciones, que quizás Dios no me ha enviado al adecuado en su lugar. Aunque no crea en Dios, prefiero hablar de fuerzas, de naturaleza. Pero aunque Dios se ponga entre nosotras, al fin y al cabo es en lo único que nos hacemos dudar, el que me ha hecho como soy y nunca admiti ni quise agradecerle por esta satisfacción. Y es que mi madre no comprende que hace seis años tuve una conversación con él, muy fríamente, amistosamente y decidimos ir por caminos separados ya que eramos incapaces de tolerarnos. Pero que yo sepa, no guardamos rencores, no que yo este al tanto.

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