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lunes

¿Y qué?

Muy pocos lugares puedes llamarlos hogar. Hogar es donde está tu corazón, me decían. Entonces mi corazón está dividido.

Está en los pasillos de un hospital, mientras camino de una habitación a otra con una sonrisa incluso los días que solo quiero gritar. Son palabras de bondad, una caricia, una mirada. La sonrisa. Siempre la maldita sonrisa. También es mi torpeza, los "lo siento" que acumulo al día y los "nunca pidas perdón". No lo sé, ni quiero saberlo. No quiero saber si seré buena en lo que hago ni quiero ser esa persona en la que confíes. No sé si quiero saberlo.

Lo que si sé es que adoro tu compañía. Sé que puedo rozarte con los dedos y sentir cosquillas. Podría escribir un párrafo, un verso, que sé que no serviría de nada. Más que para arañarte. Y dejarte cicatrices de esas que no sangren. También sé mucho de la imprudencia ya que sus frutos están escritos y guardados en mi memoria. Sé que el secreto de todo está en fijarnos en los pequeños detalles. En mirar más allá de la mirada- Es entonces, cuando descubrimos lugares, momentos, sensaciones y hasta personas que siempre han estado ahí esperando a ser miradas. Hay que atreverse a mirar y verás. 

Nunca sabes cuando será la última vez que respires. Todo puede cambiar en menos de lo que acabas de leer este texto. Por eso, debes coger aire y sumergirte. El océano te esta esperando, la vida también.

Y no negaré que me enamoré de tus cicatrices, que para ti invisibles detrás de tu coraza, están ahí. Incandescentes, a veces tiernas, otras veces aseguradas. A mí, el 'ojala te vieses a través de mis ojos' nunca me ha hecho especial gracia. Hasta que deseé que tu lo hicieras. La ironía, que perra.

Yo, que soy de las que no se rinden, me libré de esta batalla. Porque la vida está hecha de matices para estar andando de puntillas cada semana. Y tiré mis armas. Y usé las palabras. Hace tiempo que olvidé que tenía voz. Esta vez no temblaba. Quizás era porqué pensaba que serían aquellas que harían brillar tus ojos. Verte a través de mi mirada. Después de todo, no importaba.

¿Qué que creo? Que me gusta el fuego. Porqué se que me puedo quemar, pero voy a morir por ello. Y soy incendio cuando después de tanto tiempo vi la grieta de tu corazón. Entonces ardió Troya, pero tu no lo supiste. Ardió con Helena pidiendo auxilio y yo contuve mis lágrimas para que se ahogara.

En ese momento supe que no trataría de beber más agua.

Nos reíamos mucho. Tanto que, al final, tú acabaste preguntando '¿es que nunca te pones seria?'. recuerdo que en ese momento por mi cabeza cruzó un 'bueno...' No el clásico 'bueno' de 'ni mucho ni poco', no el típico 'bueno' de 'más o menos', no. Fue el escurridizo 'bueno' del 'no sabe la que le espera...', el dócil 'bueno' de 'yo soy la que le espera, y la misma que dejará de hacerlo por cualquier contratiempo'.

Te contesté que no. Que nunca me ponía seria. Tu echaste a reír como un loco. Yo entonces pensé que a veces me ponía triste. Tan triste que nunca podrías soportarlo.

No recuerdo haberme puesto nunca tan seria.

Me diste un sueño entre cien pesadillas. Me besabas la frente aunque quisieras mis labios. Me acariciabas mientras dormía y ya no diferencio los sueños de la realidad. Solo sé que, ahora, no sueño porque mi realidad es mi peor pesadilla.

Era 23 de junio

Victoria arrepentida

Lagunas de verano

Encuentros de madrugada

Uñas en tu espalda

Verso final.


Punto




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