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jueves, 9 de junio de 2016

A palo seco

Simplemente te fuiste a casa.
Lloraste por el camino aunque nunca lo admitirás.
Por qué te da rabia.
En ese momento deseaste que alguien te rodeará con sus brazos y te dijera: No te vayas.
Pero a ti eso no te importaba. Nada lo hacía, ni siquiera un buenos días por la mañana.
Es difícil evitar la caída de alguien que hace mucho que se rindió. No sé si creerás en la magia, pero ahí estaba, en el momento en que me engañaste. Porqué estaba maldito, desde el principio.
Y es que los instintos son muy listos.

Ya sabes, la próxima vez hazles caso: Huye. Aunque no te lo creas el destino está escrito.

Y con el nuestro sentidos. No eres fácil de querer. Por eso nadie te quiere. Ya lo sé. ¡Pero que le voy a hacer! Nunca creíste en la magia. Ni siquiera en los sentimientos. Eso que haces no es querer. Eso que haces es bailar con la muerte. Y te aseguro que eso nunca fue un buen plan.

A esta ronda invito yo, a ver si por fin te salen las alas y consigues volar. Y quién sabe, quizás algún día cuando te quieras un poquito más, cuando te falte el aire por querer vivir, quizás las utilices para cambiar el destino de alguien que no se querrá marchar. Te saldrán cicatrices. Pero las amarás.

Salud.

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