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viernes, 17 de junio de 2016

Riégame el jardín que ya no llueve. Nunca había sido tan fácil. El tiempo se puso a mi favor y decidió no correr. Me regaló la maravilla del sol, los besos al calor, las olas al romper, los baños muertos de emoción. Fue felicidad. Fue suerte. Fue todo aquello que necesitaba resumido en cuatro noches. De cigarros y cervezas, sonrisas y caricias, copas de vino y tirarnos al mar. Mañanas madrugando a ver si nos encontrábamos, resguardando nos del sol. Mil excusas que harían que quisiera verle. Abrazos y despedidas, atardeceres en un cristal. Y la costa meciéndome a ver si me iba a dormir. Fui feliz.

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