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lunes, 6 de junio de 2016

Ariel

Si tuviese que confiar en una persona seria en Ariel. No era de este mundo, era fuerte como las olas del mar y su voz era eco sobre las demás. Ariel tenía la capacidad de dotar a quien quisiera de su capacidad. Me hizo fuerte. Era esa clase de persona que aún creía en los valores y luchaba por sus principios. Guerrera, soñadora pero con los pies en la tierra. O en el agua, según lo vieras. Ariel me enseñó el amor. Incluso diría que siempre estuve celosa de ella. Porque su pureza sobrepasaba barreras. De tal manera que podías ver el océano en su mirada a la vez que su voz te hechizaba. 

Me dijo, te arrepentirás de amar a Ariel. Nunca ame a Ariel. Porque Ariel era yo pero mejor. Era incapaz de odiar y cuando mostraba pinceladas de rencor se arrepentía. Y daba otro trago a su cerveza. Y otro. Y otro. Y cuando se terminaba pedía otra. Se apoyaba en la mesa y me invitaba a su fiesta.

Ariel, que nunca lo entendiste pero fuiste el regalo más preciado que llegó desde el infierno. Porque podías serlo todo o nada. Podías ser mi bendición o mi maldicion. Tenía que elegir.

Era una vida sin ti o una vida sin ella. Pero ella limpio con sus manos el baho que empañaba el ser feliz. 

Nunca me dijo la verdad. Y se lo agradezco. Porque Ariel desempeño tu papel en esta obra tan miserable. Me hizo crecer.

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