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sábado

Mad-ness

Me gusta el instinto. Los reflejos del ser humanos, como aprendemos y nos cuesta desaprender. Como cruzar la calle mirando al lado contrario por un recuerdo vago. La manía de sustituir el agua por té. Verte y no querer desaparecer. Crecer, vivir, soñar. Básico, esos malditos obstáculos. La bondad, el bien, el mal. Las buenas acciones siempre tienen su mérito. A veces es más fácil echar un ojo a lo que tenemos y sonreír. Porque somos muy afortunados. De tener a quien tenemos a nuestro lado, de que todas nuestras necesidades estén cubiertas, como cuando necesitamos un abrazos. Aunque he de admitir que a veces lo echo en falta. A veces me gustaría tener más de lo que tengo dentro de mis límites. Quizás me conformo con lo que puedo regalar más que con lo que pueda recibir.



Me gusta Madrid, con todos sus pasos. Los recuerdos que he ido sembrando en cada recoveco todos estos años. A veces me gusta volver y ver mi vida como si se tratara de una obra de teatro. Y en esa calle... Olvidé una parte de mi. Para regalársela a Madrid. Que perra, se queda con todo lo bueno. Mientras nosotros seguimos soñando con momentos húmedos en sus antros. Con besos largos de esos que suenan a despedida y no se quedan en más que un hasta luego. Miradas que podrían perforarte las entrañas si fueran ácido. De lo que duran, lo que significan.


Podría hacerte gemir de placer con sus sabores, sus recuerdos y los buena ratos. Lo que no sabes, Madrid, es que hace tiempo me despedí de ti. Solo eres esa extraña que a veces en mis noches más solas, te hago revivir

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