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domingo

Your heart is a muscle

Un dato curioso que aprendí en estos dos años fue el instinto que cultivamos las personas. Que dicen que nosotros suprimimos todo aspecto animal de nuestra genética, pero no es cierto. Cuando tienes un hijo el sabe que eres su madre por una única cosa: los latidos de tu corazón. Por ello los primeros meses y hasta los primeros años de vida su instinto le abrazará a tu cuerpo en busca de un ritmo. Mi mejor amiga compartió conmigo la experiencia de su perrito.

-Tendrías que verle-decía.-cómo se tumbaba en mi cuello buscando mi latido. Y aún lo sigue haciendo. Lo hacia por que era un bebé. Pero a medida que fue creciendo se dio cuenta de que ya no cabía en mi cuerpo. Hasta ahora tumba su cabeza sobre mi cuello, o en mi pecho. Porque es lo que más le ata a mi.

Ahí entendí que todo animal lo hace. Tengo un gato que me abraza fuerte por las noches o coloca sus patitas sobre mi cuello. Ahora lo entiendo. Incluso ahora entiendo por que tengo la debilidad de abrazar a la gente pocos instantes a menos que... Lo escuche. Porque nada me tranquiliza más que el latir de una persona a la que quiero. Su bum-bum es la nana que necesito para saber que las cosas están bien, al compás de su respiración. Que por unos instantes me siento protegida, se que las cosas están bien. Somos animales en potencia que buscamos el calor, la protección, el amor: el corazón.

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