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domingo

No sé si te das cuenta, amor —e hija de puta algunas veces veces—, de que cada día que no pasamos juntos es un nuevo mundo en el que nunca sale el sol. La gravedad tiene otra ley, y me sostengo siempre entre la soledad de una cama vacía y el cielo, donde pienso que debes de estar escondida tú. No esperes que te diga "ven", porque me han dejado afónico todas esas veces que se lo dije a alguien y se fue. De la vida no sabré mucho, lo fijo casi todo como hago con la mayoría de las sonrisas, pero intuyo que tendría más sentido si estuvieses aquí. Habré visto demasiadas películas de amor, quizá. También es cierto que nunca
terminé de leer Romeo y Julieta porque ya me sabía el final. Aquel suicidio me recuerda a la distancia. Los kilómetros saben pegar, y además donde nos duele. Escucha gritar a mis ojos, que también saben necesitarte cuando te ven y no encuentro palabras para pedirte que te quedes. He edificado todo un laberinto con las excusas que he puesto para no volver a intentarnos, y es que me da miedo que seamos de usar y tirar, y que todo lo que siento pueda sentirlo por cualquier otra. No quisiera brillar unos segundos y apagarme, ¿lo entiendes?, ni ser como esa colilla muerta en el cenicero que alguna vez sostuviste en tu boca. Carga el arma y dispara, corazón. Dispárame hasta que te duela también a ti. Te prometo que no voy a gritar, ya estoy acostumbrado al dolor.


 En un mundo de Grises

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